누가복음 15장 Reina Valera 1858 NT
- 1 Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
- 2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
- 3 Y él les propuso esta parábola, diciendo:
- 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
- 5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;
- 6 Y viniendo á casa junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.
- 7 Os digo, que así habrá [más] gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
- 8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil y barre la casa. y busca con diligencia hasta hallar[la?]
- 9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabien, porque he hallado la dracma que habia perdido.
- 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
- 11 Y dijo: Un hombre tenia dos hijos;
- 12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda que [me] pertenece: y [él] les repartió la hacienda.
- 13 Y no muchos dias despues, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada, y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
- 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.
- 15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.
- 16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comian los puercos; mas nadie se [las] daba.
- 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
- 18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí;
- 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
- 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
- 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
- 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle, y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus piés;
- 23 Y traed el becerro grueso, y matad[lo,] y comamos, y hagamos fiesta.
- 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
- 25 Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
- 26 Y llamando uno de los criados, preguntóle qué era aquello.
- 27 Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
- 28 Entónces [él] se enojó, y no queria entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba [que entrase.]
- 29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [há que] te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos.
- 30 Mas cuando vino este tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras has matado para él el becerro grueso.
- 31 El entónces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
- 32 Mas era menester hacer fiesta y holgar[nos,] porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.